Cuando diseñamos la paleta de color de una marca digital, empezamos por una pregunta poco glamurosa pero esencial: ¿cómo va a funcionar este color en una pantalla, con las limitaciones reales de contraste y accesibilidad que eso implica?

Un color que funciona perfectamente en una presentación estática puede fallar por completo cuando se convierte en el fondo de un botón o el color de un texto sobre un gradiente. Por eso probamos cada paleta directamente en los contextos donde va a vivir: interfaces, redes sociales, presentaciones.

La jerarquía también importa: no todos los colores de una paleta de marca deben tener el mismo peso. Solemos definir un color dominante, uno o dos secundarios de apoyo, y un color de acento reservado para llamadas a la acción o momentos puntuales.

Por último, el contraste no es negociable. Una paleta vibrante puede y debe ser accesible: comprobamos siempre los ratios de contraste entre texto y fondo antes de dar cualquier paleta por cerrada.

“Cómo pensamos la paleta de color de una marca digital más allá de la estética: contraste, accesibilidad y jerarquía visual.”