En Craftlix, ninguna ilustración digital empieza directamente en la tableta. Antes hay siempre un boceto rápido a mano, casi siempre imperfecto, que define el gesto y el ritmo de la pieza final.
Este paso, que podría parecer innecesario en un flujo de trabajo completamente digital, es precisamente lo que evita que el resultado final tenga ese aspecto genérico y calculado que caracteriza a buena parte de la ilustración vectorial hecha directamente en pantalla.
El lápiz sobre papel impone una serie de limitaciones —velocidad, imprecisión, imposibilidad de deshacer— que obligan a tomar decisiones de composición de forma instintiva. Esas decisiones, trasladadas después a la tableta, conservan una energía que es difícil de replicar empezando directamente en digital.
No se trata de rechazar la tecnología, sino de utilizarla en el momento adecuado del proceso: como herramienta de producción y refinamiento, nunca como sustituto del primer gesto creativo.
“Aunque todo el trabajo final ocurra en pantalla, seguimos empezando cada ilustración con un boceto a mano. Esta es la razón.”
